miércoles, 25 de enero de 2017

Amar

Hay veces que la mente no soporta más dolor, más presión, hay veces que te quedas sin lágrimas, hay veces que el cuerpo no puede aguantar más despierto y se te cierran los ojos, y esas veces son las que más miedo pasas, cuando no puedes llorar más, cuando te quedas dormida a pesar de saber que no vas a descansar, cuando cada respiración te duele como si alguien te estuviese susurrando "culpable" al oído. Hay veces que no sabes como pedir perdón porque el daño que has hecho es irreparable, y esas veces se te crea un agujero en el corazón tan profundo y tan negro que te da miedo no poder volver a sentir nunca más.
Quizás estaría mejor no sentir, no sentir culpabilidad, ni dolor, no sentir miedo a equivocarte.
Pero implicaría no sentir amor.

En todo lo que llevo de vida he aprendido a amar de múchisimas formas, he aprendido a amar por primera vez, tan dulce, cuando todo es curiosidad, cuando todo es nuevo, de esa forma que solo se ama la primera vez y que, cuando acaba, es de las más dolorosas de todas, pero aún así no se olvida nunca. También he aprendido a amar experimentando cosas nuevas, cosas que quizás no te gustan y en el futuro lo ves como una etapa extraña, y quizás aunque son necesarias en nuestra vida, no sufrimos tanto cuando se acaban porque sabremos que vendrán otras.
He aprendido a amar de la forma más bonita que he conocido, más verdadera, como amas poco a poco, enamorandote de cada instante que pasas con esa persona, formando con cada recuerdo, con cada confianza, con cada caricia, con cada beso, con cada "te quiero"; formando una relación a la que acabas considerando como tu casa, en la que siempre quieres estar, en la que estás a salvo, en la que eres tú misma y todos tus "yo" sin miedo a que seas juzgada, una casa que habeis ido construyendo poco a poco día a día.
Pero también he aprendido que aunque a veces uno está alegre estando en casa puede tener ganas de salir, un día de repente, se da cuenta que la casa a veces se le hace pequeña, que hay fuera muchas cosas que quiere conocer y que quiere ver y se está perdiendo. Entonces empieza a sentir las mariposas que se sienten cuando vuelves a empezar a amar, esas mariposas que hacen que no puedas ya pensar en otra cosa que en salir de casa. Pero lo piensas y sabes que puede ser difícil, que puedes pasar hambre, frío y muchas cosas que aun no conoces y te dan miedo.
Y entonces no sabes que hacer, no sabes si quedarte en casa o salir a ver qué es lo que te espera fuera.
¿Y cómo te decides sabiendo que estás haciendo tanto daño? qué haces daño al amor qué es tú casa y haces daño al amor que te incita a salir, a conocer.
Porque es tán cómodo y tan sencillo estar en casa, estar arropada por el cariño y el calor del hogar, es un amor tan tranquilo, que no te pide nada a cambio, es un amor bonito en todo el amplio sentido de la palabra, un amor de esos que cuando miras al futuro lo ves cuidando de tus hijos, te ves, ya después de haber vivido muchísimos años, juntos, cuando tus hijos hayan tenido hijos, en la tranquilidad, disfrutando de esa paz que te da ese amor con el que puedes ser tú, y no hay nada más cómodo que ser tú mismo.
Pero es tan divertido ese amor precipitado, ese amor inicial, esas mariposas, esas continuas ganas de verle de estar con él, de decirle cosas que has dicho mil veces como si lo fuera la primera vez.
Ese amor de no saber que va a pasar hoy pero que estás dispuesta a descubrirlo con una sonrisa.
Y, ¿Qué haces cuando tienes que decidir entre esos dos amores?
Si tu corazón se parte a cada minuto que pasa.
Porque lo peor de todo, es que no solo te duele saber que una parte de tú corazón se va a romper cuando pierdas a uno de ellos, si no que estás viendo como esos dos amores, en frente tuya te están suplicando ser el único.
Y que haces entonces si tienes el corazón tan roto que ya no sabes si podrás volver a amar a ninguno de esos amores.

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