domingo, 30 de julio de 2017

Capítulo 4 segunda parte.

Así mismo ese viernes por la tarde Cleo se encaminaba hacia la bahía de Ammoudi donde había quedado con Athan, era un sitio bastante transitado y donde se encontraban también muchas tabernas, así evitaría estar a solas con Athan, un plan nada acogedor para Cleo después de su anterior encuentro.
Cuando Cleo llegó allí no vió a Athan por ningún lado, así que se acercó lo máximo posible al puerto, pensando si tirarse a las aguas mientras le esperaba, era una idea tentadora y propia de Cleo que se sumergía en las aguas griegas siempre que tenía oportunidad.
Sin embargo parecía que alguien se le había adelantado, Cleo encontró una camisa y unos pantalones blancos en las rocas, un joven fuerte y rubio estaba nadando en el agua.
Cleo no pudo evitar maravillarse ante la belleza de Athan, siempre había estado enamorada de él, desde que ella recuerda, pero ahora podía entender bien por qué. 
Él aún no se había percatado de su presencia, y flotaba boca arriba en el agua con los ojos cerrados, mientras el sol le daba en la cara.
Así que ella se sentó al borde del puerto, con las piernas sumergidas en la fría agua, quitándose antes las sandalias que llevaba.
Agradeció que ese día no hiciese viento, pues llevaba un vestido blanco de tela fina, parecía que ambos se habían puesto de acuerdo a la hora de elegir el color de sus ropas.
Por un momento Cleo se replanteó esconderle la ropa a Athan como solían hacer de niños, una sonrisa inundó su cara sólo de pensarlo.
Pronto Athan se dió cuenta de la presencia de Cleo y le sonrió desde el agua.
Mientras se acercaba nadando Cleo recordó todas y cada una de las tardes que había pasado con él, desde pequeños siempre habían estado muy unidos, y compartían la pasión de zambullirse en el agua.
-No pude resistirme mientras te esperaba, incluso temía que no vinieses, así que me tiré. -Dijo Athan mientras salía del agua y se ponía los pantalones.
-Casi no me acordaba de que a ti también te gustaba nadar. -Admitió Cleo sinceramente.
-¡Pero si casi que aprendimos juntos! No puedo creer que olvidaras todos los veranos que pasábamos juntos. -Athan se sentó al lado de Cleo mientras miraban la puesta de sol, a esa hora casi todos los habitantes del pueblo salían, casi como una tradición, a admirar la puesta de sol, la isla era enormemente conocida por eso, y muchos turistas visitaban el pueblo con esa razón.
-No es que lo hubiera olvidado completamente, es sólo que estos últimos años nos distanciamos tanto, que ahora me cuesta creer que fuesemos tan íntimos antes. -Cleo dijo esto con la mirada perdida en el horizonte donde se escondía el sol.
-Es cierto, empezamos a crecer y ya nos daba vergüenza cambiarnos el uno delante del otro. -Dijo Athan mientras reía.
-No recuerdo haberme cambiado nunca delante tuya. -Respondió divertida Cleo, aunque sabía que él tenía razón y eran tan amigos como para hacerlo.
-Pero seguro que recuerdas los paseos en el barco de mi padre. -Dijo Athan con voz risueña.
-Y cuando nos escapabamos por las noches para ver las estrellas con mochilas como si nos fuésemos a quedar a dormir fuera.
-Pero siempre nos pillaban. -Athan alargó la palabra "siempre".
-Todas y cada una de las veces. -Rió Cleo.
En realidad ya no estaba enfadada con él por lo que le había hecho, sabía que debería estarlo pero no podía, quizás si lo conocieseis tanto como lo hacía ella, podríais entender que le perdonase una cosa como esa.
Simplemente sabía que Athan jamás volvería a hacerlo, pero ella debía ser dura con él, porque lo que hizo fue horrible.
Sólo intentaba alargar ese momento.
Cuando oscureció ambos se levantaron y se dirigieron hacia una de las tabernas del puerto, allí se sentaron a comer, bajo la luz de la luna en una de las mesas de fuera y siguieron charlando acerca de lo mucho que habían cambiado e incluso ella se preocupó por preguntarle por su padre.
Por un momento, Cleo olvidó todo lo que le había estado pasando esa semana, y se sintió la Cleo de antes.
-Te he echado de menos Cleo, siento que ya no eres la misma, no sé si es porque estabas enfadada conmigo por lo que te hice, o porque te pasa algo, pero te noto diferente.
-Es cierto, supongo que es verdad eso de que las personas cambian, quizás me tocaba a mi. -Cerró los ojos mientras decía eso, dejando que la brisa marina acariciase su pelo.
-Sin embargo te sigo queriendo tanto como antes. -Athan lo dijo con firmeza, como si hubiese estado esperando todo la tarde para soltar esa frase, y la miraba fijamente, como si no quisiese perderse ninguna reacción por parte de ella.
Sin embargo Cleo no abrió los ojos.
-Yo también te quiero Athan, siempre te he querido, mucho, eres muy importante para mi, de verdad. -Él la miró y se pasó nervioso la mano por el pelo.
-Ahora es cuando viene un "pero" ¿verdad? -Cleo afirmó con la cabeza lentamente.
-Pero ahora mismo no puedo dedicarme a nadie, no puedo atarme a nadie, ahora mismo me necesito a mi, a mi sola.
-¿Es por lo que te hice? -Dijo él desesperado.
-No, ya te dije que te perdoné, no lo olvidé pero eso no quiere decir que no te haya perdonado, pero no es por eso, es simplemente porque ahora mismo no puedo estar con nadie. -Athan agachó la cabeza sin embargo cuando volvió a hablar lo hizo con un tono a la defensiva:
-¿Es ese tal Zeta? Sé que pasó algo entre ustedes dos, y no es que te culpe, al fin y al cabo, él te salvó de mi. -Volvió a agachar la cabeza tras sus palabras.
-Zeta no existe ya para mi. -Y eso fue lo único que dijo Cleo acerca que de él, la verdad.


CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 4 ; INVISIBILIDAD.
El resto de la tarde lo pasaron en casa de Alysa, se dedicaron a comprobar qué más tipos de "Habilidades" podía tener Cleo, pudieron observar que era capaz de dominar también el aire, las ráfagas de viento, y las plantas, haciéndolas crecer a su antojo.
Llegó la noche y cada una se fue a su casa, ya que al día siguiente había clase, además Cleo no quería dejar más tiempo solo a Stelian.
Aunque estaba nerviosa porque al día siguiente por fin vería a Zeta, o eso esperaba ella, esa noche se quedó dormida en cuanto tocó la cama, llevaba demasiado tiempo sin dormir y muchas emociones vividas que la tenían agotada.
Pero todo eso daba igual, porque acabaría al día siguiente, se dijo para sus adentros.
Τρίτη, 20 / Martes, 20.
Cleo se despertó siendo zarandeada por unos brazos, enseguida se irguió en la cama asustada.
-¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? -En cuanto Cleo vió que era Stelian quien la despertaba se tapó la cara con la almohada para que no pudiera verle los ojos.
-Despierta Cleo, ¿Qué haces con la almohada? Vas a llegar tarde. -Stelian salió de la habitación cuando consiguió que su hermana le prometiese bajar en cinco minutos.
Ese día llegó antes de tiempo al instituto, los nervios la invadían, esperaba con todo su corazón que Zeta apareciese aquel día en clase de Lengua.
Pasaron las horas haciéndose eternas hasta que llegó penúltima hora, clase de Lengua.
Mientras Cleo recorría el pasillo casi no era capaz de pensar, sus piernas le flaqueaban y si no fuese por su nueva apariencia física, juraría que en ese momento estaría sudando por los nervios.
Entró de las primeras a clase e incluso el profesor la felicitó por no llegar tarde esa vez.
Sin embargo y a pesar de esperar durante toda la hora, Zeta no llegó, tal y como ella se había temido.
Al sonar el timbre no pudo salir más cabreada de clase, estaba harta de tener que esperar siempre y no entendía por qué de la noche a la mañana Zeta había dejado de existir, justo cuando más lo necesitaba.
Tenían la última hora libre así que Cleo y las demás se sentaron en los jardines del campus.
-¿Pero dónde se ha podido meter? -Dijo enfadada Alysa.
-¿Lo hará apropósito? -Preguntó intrigada Dione.
-Quizás simplemente esté resfriado o se encuentre mal. -Intentó darle un voto de confianza Zoe.
-No lo sé, pero toda esta intriga y esta espera me está volviendo loca.
Y así pasó la última semana del primer año de Universidad de las chicas, sin que Zeta apareciese ni un sólo día, aún así todos ellos Cleo se levantada esperanzada y esperaba con toda ansia para ir a comprobarlo a clase de Lengua.
Durante esa semana estuvieron quedando todas las tardes para mejorar los misteriosos "poderes" de Cleo.
Por lo menos así tenían algo que hacer durante toda la espera.
Παρασκευή, 23 / Viernes, 23.
Por fin el viernes Cleo pudo despertarse tarde, era el último día de clase y los profesores les habían dejado faltar ya que no había más materia por dar.
A pesar de despertarse tarde Cleo se quedó en la cama mirando al techo mientras pensaba que iba a hacer ahora que no podía contactar con Zeta.
Toda la semana habían estado evitando pensar en esa posibilidad, e incluso se propuso ir hoy a clase con tal de que cupiera la posibilidad de que él fuese, pero aún así, los viernes no tiene clase de Lengua y no coincidía con Zeta en ninguna clase más.
Ya casi estaba apunto de darse por vencida, ¿Y si tenía que vivir así para siempre? En el fondo no era tan malo, al final tendría que decir la verdad sobre sus ojos porque no le gustaba la idea de llevar lentillas toda la vida, y respecto a su aspecto, no era malo del todo eso de haberse convertido en una modelo, raro, pero incluso emocionante.
Y en cuanto a lo de poderes se trata... Podría vivir con ello, lo ocultaría y sólo lo utilizaría en ocasiones especiales con las personas que lo supiesen.
En fin, que podría vivir con todo eso, pero con la intriga de saber qué le hizo exactamente esa bebida Cleo sabía que no podría vivir con esa incógnita toda su vida.
Pero incluso existía la posibilidad de que no hubiese sido Zeta quién le hubiese hecho todo eso, lo cual sería un poco sospechoso su desaparición justo cuando necesitaba hablar con él, ¿Casualidad? Quién sabe.
¡Ring! - ¡Ring! Sonó el teléfono de Cleo en la mesilla de noche, al mirar la pantalla era Athan, se pensó durante unos segundos si ignorar la llamada o no, pero al final optó por cogerlo.
-¿Sí? -Dijo Cleo un poco desganada.
-Cleo, soy Athan,me preguntaba si ahora que se han acabado las clases y se han calmado las cosas te gustaría quedar para arreglar las cosas, siempre que quieras claro... Es sólo que no me gustaría acabar mal contigo Cleo, ya sabes lo importante que eres para mi. -A Cleo le enternecieron por un momento las palabras de Athan pero aún así no se fiaba para nada de él.
-No lo sé Athan tendría que pensármelo... -Le iba a estallar la cabeza con todas las cosas de las que tenía que preocuparse como para pensar en Athan y su casi violación.
-Te lo ruego Cleo por favor, no podré estar tranquilo hasta que hable contigo, sé que has dicho que me perdonas, pero no consigo perdonarme a mi mismo, necesito que me ayudes y me dejes demostrarte que jamás volveré a comportarme así con nadie. -A Cleo sus palabras y su tono desesperado la convencieron, y aceptó, no de mucha gana.
-Está bien Athan, pero deberá ser en un lugar público. -Él aceptó encantado.

Capítulo 3 final.

Durante el resto del día se limitaron a asistir a las clases e intentar prestar atención, aunque Cleo no conseguía centrarse en ninguna por más de un minuto, agradeció que fuese la última semana de clase y que no tuviese ningún examen.
Cuando sonó el timbre que indicó el final del día, Cleo salió rápidamente de clase, ansiosa por volver a casa y seguir practicando sus nuevas habilidades acuáticas.
Sin embargo sus amigas no estaban en la puerta de afuera de la universidad, donde solían esperarla.
Una mano tocó por detrás a Cleo y esta se asustó, al girarse vio como un par de chicos de la edad de su hermano la miraban embobados, uno de ellos, el que la había tocado, un muchacho delgado con muchos granos en la cara y de pelo rojizo le dijo:
-¿Tú eres Cleo verdad? ¿La hermana de Stelian? Soy un chico de su clase y bueno, me preguntaba si me darías tu número de teléfono. -Cleo no pudo evitar ponerles cara de asco a los tres.
El chico rápidamente captó el mensaje y un amigo de detrás le susurró un "Te lo dije".
-Claro que no te voy a dar mi teléfono mocoso, piérdete. -Normalmente a Cleo le habría bastado con poner cara de asco y pasar de ellos, pero hoy estaba cansada de que la gente se le quedase mirando sólo porque ahora era guapa y antes no.
-¡Cleo! ¡Estamos aquí! -Gritó Zoe desde un coche cerca de la acera.
Cleo se dirigió hacia el y se montó en la parte trasera junto con Zoe y Alysa, el coche era de Ian, el novio de Dione, que era el único que tenía carnet de conducir.
Ian las dejó en casa de Alysa, que estaba sola, ya que sus padres trabajan casi todo el día y si no estaban trabajando, viajaban por placer.
Todas dejaron sus mochilas en el recibidor y pasaron dentro.
La casa de Alysa era una enorme mansión, contaba con dos pisos y un patio enorme donde había una piscina de más de 6 metros de largo y un jardín precioso con mesas y sillas para tomar el té.
La casa era entera de color blanco, casi todos los muebles y las paredes eran de ese color, y desprendían siempre olor a limpio.
Las chicas se tiraron en el sofá y Cleo fue a la cocina por un vaso de agua.
-Bien, chicas, quiero que miréis muy atentamente esto. -Dejó el vaso lleno de agua en el centro de la larga mesa blanca del salón y se sentó de rodillas en el suelo para estar a la altura de la mesa baja.
Centró sus ahora azules (Tras quitarse las lentillas) ojos en el vaso de agua, se concentró tal y como había estado practicando y el agua comenzó a flotar en pequeñas burbujas sobresaliendo del vaso de cristal, Cleo sonrió orgullosa y sin apartar la vista de las burbujas mientras sus amigas no podían salir del asombro, a Dione se le cayó el chicle al suelo, Alysa se levantó del sofá sin dejar de mirar y Zoe se llevó las manos a la boca, asombrada.
Cleo giró rápidamente la cabeza hacia la blanca pared y todas las burbujas estallaron contra esta.
Miró a sus amigas y se rió ante sus impresiones, por primera vez, su extraño poder le hizo gracia.
-NO.ME.LO.PUEDO.CREER -Chilló Dione.
-¿Cómo lo has hecho?-Preguntó tímidamente Zoe mientras que Alysa mirando fijamente a Cleo preguntó:
-¿Qué más sabes hacer? -Cleo la miró, quizás fuese porque era su mejor amiga pero Aly había sabido que no sólo era eso lo que podía hacer ahora Cleo.
Esta volvió a centrar su mirada en el vaso con la poca agua que quedaba y concentrándose consiguió que el agua obtuviese forma de una especie de tentáculo que, acercándose a la mesa, el tentáculo se introdujo en la boca de Cleo, donde se convirtió en agua líquida y normal.
-Puedo darle casi las formas que quiera, y estaba pensando si podría dominar otros elementos, pero me daba miedo probar con el fuego. -Dione aplaudió entusiasmada, Zoe sonrió y Aly se fue sin decir palabra hacia una de las habitaciones.
Las tres amigas se miraron extrañadas, cuando volvió traía consigo un mando, presionó un botón y encendió la chimenea moderna que tenía incrustada en una de las blancas paredes.
Zoe y Dione cerraron las persianas ya que aún era mediodía y entraba mucha luz, dejaron todo a oscuras y Cleo se arrodilló frente a la chimenea.
-Debo admitir que me da un poco de miedo chicas. -Dijo mientras miraba a sus amigas con inquietud.
-Mientras no incendies mi casa no pasará nada. -Bromeó Alysa, intentando darle ánimos.
Así Cleo se centró en la chimenea con todas sus fuerzas y más fácilmente de lo que había pensado, el fuego comenzó a obtener forma.
Era como si pudiese darle la forma que quisiera, Cleo sentía el poder que tenía sobre él y sabía que podría ocasionar un incendio solo mirando el fuego si ella quisiese.
Pero en lugar de eso le dió forma, primero el fuego era una bailarina que se movía al ritmo del sonido de los troncos de madera, luego lo convirtió en una ola de fuego y más tarde en una mano que saludaba.
Las tres chicas no podían salir de su asombro, se miraron entre ellas y sonrieron.
-Eres mágica. -Le dijo Zoe a Cleo.
Y no sabía lo cerca que estaba eso de la realidad.