martes, 28 de noviembre de 2017

Mar, inmenso mar de tus ojos.

Y ahora qué hago, con todo lo que me he guardado, qué hago con todo lo que siento y con todo lo que no te he dicho.
Con todas las promesas, con todas las palabras y con todas las miradas, absolutamente todas las miradas, que hago con las sonrisas apagadas, con los recuerdos, con los roces, con los sentimientos.
Los guardo, los guardo y se van acumulando, se hacen grande y me hacen pequeña, me hacen débil y me hacen daño.
Se acumulan días, meses años, qué hago.
Qué hago con todo lo que quiero hacer.
Cómo lo escondo, cómo vivo con ello, cómo te miro y te digo
Te quiero.
Te lo digo pero no te lo estoy diciendo.
Cuantas veces te lo he dicho sin decirlo, cuantas veces te lo he dicho y no lo sabes.
Me hundo, te miro y me ahogo, siento que me ahogo, pero tú no me salvas, tus ojos sólo me hunden más y más, inmenso, penetrante, gigante.
Azul, agua, gotas, lluvia, mar, cielo, sólo veo azul y me ahogo.
Pero no me salvas, no puedes salvarme, no puedes, o no quieres, ya no.
Me gustaría salvarme, recoger mis pedazos y armarme de nuevo, empezar de cero.
Ya lo he hecho antes, sé que puedo hacerlo.
Pero no puedo, porque cuando creo que puedo, no puedo, porque me miras y me hundo, me ahogo en el mar de tus ojos, y me sumerjo en la oscuridad de tus pupilas, para siempre.
Siempre siempre siempre, negro.
No sé qué me da más miedo, hundirme o nadar y nadar y nadar y nadar.
Hundirme es fácil, ahogarme es sencillo, luchar es duro, luchar duele y luchar cuesta.
Precioso mar, sálvame, sálvame de ahogarme en tus ojos impenetrables y sálvame de tener que luchar contra mi misma.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Mírame.

Tumbado en una caseta, a las cuatro de la mañana, deseando que nunca se haga de día.
De perfil, estás mirando el móvil, no te fijas en mi, delineo el perfil de tu rostro con la mirada, intento retener esa imagen en mi cabeza y no olvidarla nunca.
Un parque, a las once de la noche, bromeas y te ríes, con esa sonrísa tan bonita que me gustaría escuchar siempre pero que a ti no te gusta.
Mientras desayunas, te miro sin mirarte y me miras sin verme, no te das cuenta de que estoy ahí, otra vez.
A oscuras, busco tu mano y la encuentro, no quiero soltarte, no quiero que se encienda la luz, quiero sostenerla siempre, pero es un siempre muy corto, porque se enciende la luz y vuelves a dejar de verme.
Te acaricio el brazo, pienso que ni te das cuenta de como mis dedos rozan tu piel, mientras que todo mi cuerpo se llena de energía por el sólo roce de nuestros cuerpos, pero sí te das cuenta, sin verme, de que estoy ahí.
Me acaricias la muñeca, infinitas veces, que llegan a su fin muy rápidamente.
No quiero que acabe nunca pero siempre acaba.
Sentados en un cuarto de baño, de un piso que no es nuestro, nuestras frentes apoyadas la una en la otra, suspiramos. Pero tú nunca me miras, porque nunca me ves.
Nos cogemos la mano un segundo que se hace infinito, y no acaba nunca.
Me siento al lado tuya, siempre me siento al lado tuya.
Pero sigues sin verme, o ya no me quieres ver.
Te pasas la mano por el pelo, nervioso, eso nunca significó que me estuvieses viendo, pero yo interpreté mal todas las señales. Quiero seguir interpretandolas mal.
Porque quiero seguir, cualquier cosa que tenga que ver contigo, quiero seguirla, quiero que sea infinita pero breve, quiero que sea breve pero infinita.
Cuantas veces hemos rozado nuestros dedos, cuantas veces hemos querido hacerlo, cuantas veces no lo hemos hecho. Infinitas.
Puedo ser infinita contigo.
Pero no me ves.

viernes, 1 de septiembre de 2017

¿Redes sociales?

Me da miedo ver cómo nos han transformado las redes sociales, se han convertido en algo necesario en nuestras vidas, ya casi no somos capaces de vivir sin ellas.
Nos han producido una dependencia severa que ya en algunos casos ha necesitado tratamiento.
Pero lo que más me asusta es la forma en la que te exponen al mundo, todo el mundo ve lo que haces en cada momento y con quién lo haces, es aterrador.
Lo peor de todo es que esa falta de privacidad hace que las personas se vean con el derecho de opinar sobre tu vida y criticar todo lo que haces.
A veces incluso no sabemos ante quienes estamos expuestos, no sabemos quién nos sigue, quién ve nuestras publicaciones, nuestras historias.
Ahora una persona sin redes sociales es una persona misteriosa, es extraño no tener en pleno siglo XXI ningún tipo de red social, ahora hasta nuestros padres y abuelos están en la red.
Incluso hemos inventado "Códigos" no escritos en redes sociales, por ejemplo las indirectas (Una de las cosas que más odio en el mundo) y que al final todo el mundo se da por aludido menos la persona a la que van dirigidas, o peor, dicha persona en cuestión se da por aludido y te responde con otra, y así al final acabáis respondiéndoos mutuamente a vuestras indirectas en algo que se convierte en muy directo.
Instagram es una de las redes donde se ve más claro, por ejemplo con el asunto de los me gustas.
Hay una ley no escrita que dice que si te pones a mirar y darle me gusta a fotos antiguas en el perfil de otra persona significa coqueteo, y si tu correspondes a esos me gustas con otros, el siguiente paso es que te hablen por mensaje privado donde es muy típica la excusa de que no te funciona para poder pedir el número de whatsapp.
Otra de las redes de mayor controversia es Twitter, donde reinan los me gustas (Antes llamados favs) y los retweets.
El retweet se utiliza exclusivamente cuando estás de acuerdo con lo que la otra persona ha puesto, sin embargo los me gustas, pueden tener varios significados.
En uno de los casos le das me gusta porque te ha gustado el tweet pero no tanto como para retuitearlo, también está la opción de que dando me gusta se guarde el tweet y así poder ir a verlo después.
Sin embargo la femme fatale de twitter son los me gustas que tienen el único significado de decirte "Sé que esta indirecta va por mi, atente a las consecuencias de ello".
En consecuencia, las redes sociales han pasado a convertirse en nuestras vidas, vidas que están expuestas al mundo sin ningún tipo de reparo.
Por ello os aconsejo que tengáis mucho cuidado con quién os sigue, quién ve vuestras pubicaciones o vuestras historias, vuestros directos, porque a veces nos sorprendería lo que alguien puede aprender de nosotros tan fácilmente.