lunes, 25 de diciembre de 2017

ser escritora

Dicen que toda persona que escribe es un escritor, pero ¿Hasta que punto es eso cierto?
Es decir, yo escribo y no me había considerado nunca escritora, quizás porque escribo por necesidad, movida por una razón.
No escribo para escribir, ni para contar nada, ni para inventar nada que ya no esté inventado.
Sólo dejo que mis dedos fluyan por el teclado, como poseidos por una magia, una magia que consigue darme cierta paz, en mi caos.
Sólo y únicamente escribo entonces en momentos de necesidad, cuando mi mente no puede más y está saturada, cuando tengo tantos pensamientos que pienso que me va a estallar la cabeza.
Entonces escribo, y escribo y escribo y los voy liberando, como si esos pensamientos se conviertiesen en pájaros y esos pájaros echasen a volar, entonces siento la cabeza más ligera, el pensamiento más claro.
Así, ¿Qué es ser escritor entonces? Quizás escritor es todo aquel que es dominado por la escritura, al igual que yo, que es algo superior a él y que la necesita para desahogarse, o para expresarse, quizás para crear.
Entonces cuando un escritor sufre ese bloqueo de la temida página en blanco deja de ser escritor, pero porque ya no necesita escribir, y no sabe escribir sin necesitarlo.
Pero ello significaría que todos los escritores somos y dejamos de ser escritores, pues todos hemos pasado por ese temor a la página en blanco.
Desde mi punto de vista ese bloqueo sólo se puede vencer de una manera, no escribiendo.
Si un escritor escribe por necesidad, si éste no tiene necesidad entonces no debería escribir, la necesidad es algo que viene y va.
Cuando dejes de escribir, volverá.
Y la siguiente pregunta sería, ¿Es que acaso cualquiera puede ser escritor? Esto es algo que yo no sé pues yo siempre me he sentido escritora, y si no lo sentía así, aún así lo era, pues esta necesidad de escribir la he tenido desde siempre que pueda recordar.
Quizás es cierto que haya gente que nunca la sienta o que la sienta de otra manera, quizás es esta necesidad la que hace que los músicos sean músicos, que los pintores sean pintores y que los bailarines sean bailarines, quizás es la misma necesidad que mueve a los cantantes y a los compositores, a los actores...
Quizás todas ellas son formas diferentes de canalizar esta necesidad.
Así bien todos sentimos esa carencia sólo que cada uno la expresa de distinta manera.
Porque qué triste sería tener todos esos malos pensamientos en la cabeza, abarrotada, cansada y pesada cabeza y no poder deshacernos de ellos por medio de arte, cualquier tipo de arte que nos libere y nos haga libres de todo lo que nos rodea.
Es por ello que ahora cada vez que me preguntan si soy escritora siempre respondo que sí, que lo soy a veces, cuando lo necesito o cuando la escritura me lo exige.
Pues que soy yo sino esclava de mis necesidades.

martes, 28 de noviembre de 2017

Mar, inmenso mar de tus ojos.

Y ahora qué hago, con todo lo que me he guardado, qué hago con todo lo que siento y con todo lo que no te he dicho.
Con todas las promesas, con todas las palabras y con todas las miradas, absolutamente todas las miradas, que hago con las sonrisas apagadas, con los recuerdos, con los roces, con los sentimientos.
Los guardo, los guardo y se van acumulando, se hacen grande y me hacen pequeña, me hacen débil y me hacen daño.
Se acumulan días, meses años, qué hago.
Qué hago con todo lo que quiero hacer.
Cómo lo escondo, cómo vivo con ello, cómo te miro y te digo
Te quiero.
Te lo digo pero no te lo estoy diciendo.
Cuantas veces te lo he dicho sin decirlo, cuantas veces te lo he dicho y no lo sabes.
Me hundo, te miro y me ahogo, siento que me ahogo, pero tú no me salvas, tus ojos sólo me hunden más y más, inmenso, penetrante, gigante.
Azul, agua, gotas, lluvia, mar, cielo, sólo veo azul y me ahogo.
Pero no me salvas, no puedes salvarme, no puedes, o no quieres, ya no.
Me gustaría salvarme, recoger mis pedazos y armarme de nuevo, empezar de cero.
Ya lo he hecho antes, sé que puedo hacerlo.
Pero no puedo, porque cuando creo que puedo, no puedo, porque me miras y me hundo, me ahogo en el mar de tus ojos, y me sumerjo en la oscuridad de tus pupilas, para siempre.
Siempre siempre siempre, negro.
No sé qué me da más miedo, hundirme o nadar y nadar y nadar y nadar.
Hundirme es fácil, ahogarme es sencillo, luchar es duro, luchar duele y luchar cuesta.
Precioso mar, sálvame, sálvame de ahogarme en tus ojos impenetrables y sálvame de tener que luchar contra mi misma.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Mírame.

Tumbado en una caseta, a las cuatro de la mañana, deseando que nunca se haga de día.
De perfil, estás mirando el móvil, no te fijas en mi, delineo el perfil de tu rostro con la mirada, intento retener esa imagen en mi cabeza y no olvidarla nunca.
Un parque, a las once de la noche, bromeas y te ríes, con esa sonrísa tan bonita que me gustaría escuchar siempre pero que a ti no te gusta.
Mientras desayunas, te miro sin mirarte y me miras sin verme, no te das cuenta de que estoy ahí, otra vez.
A oscuras, busco tu mano y la encuentro, no quiero soltarte, no quiero que se encienda la luz, quiero sostenerla siempre, pero es un siempre muy corto, porque se enciende la luz y vuelves a dejar de verme.
Te acaricio el brazo, pienso que ni te das cuenta de como mis dedos rozan tu piel, mientras que todo mi cuerpo se llena de energía por el sólo roce de nuestros cuerpos, pero sí te das cuenta, sin verme, de que estoy ahí.
Me acaricias la muñeca, infinitas veces, que llegan a su fin muy rápidamente.
No quiero que acabe nunca pero siempre acaba.
Sentados en un cuarto de baño, de un piso que no es nuestro, nuestras frentes apoyadas la una en la otra, suspiramos. Pero tú nunca me miras, porque nunca me ves.
Nos cogemos la mano un segundo que se hace infinito, y no acaba nunca.
Me siento al lado tuya, siempre me siento al lado tuya.
Pero sigues sin verme, o ya no me quieres ver.
Te pasas la mano por el pelo, nervioso, eso nunca significó que me estuvieses viendo, pero yo interpreté mal todas las señales. Quiero seguir interpretandolas mal.
Porque quiero seguir, cualquier cosa que tenga que ver contigo, quiero seguirla, quiero que sea infinita pero breve, quiero que sea breve pero infinita.
Cuantas veces hemos rozado nuestros dedos, cuantas veces hemos querido hacerlo, cuantas veces no lo hemos hecho. Infinitas.
Puedo ser infinita contigo.
Pero no me ves.